Cátedra UNESCO de Educación a Distancia (CUED): Del e-learning al p-learning. Personalizando la formación

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Del e-learning al p-learning. Personalizando la formación

 

Publicado por Carlos Marcelo

Carlos Marcelo

Universidad de Sevilla
http://prometeo.us.es/idea
http://prometeo.us.es/master
@carmargar

 

En los últimos 15 años hemos venido construyendo un espacio de formación y aprendizaje que a lo largo del tiempo ha ido adoptando diferentes nombres: formación online, formación virtual, teleformación o elearning. Para ir construyéndolo, hemos utilizado los mimbres conceptuales y metodológicos de la educación a distancia, de la que tanto sabe nuestro querido Lorenzo García Aretio.

 

Este espacio formativo se ha ido implantando y difundiendo en nuestras instituciones educativas tanto escolares, universitarias como en la formación profesional continua, siguiendo un modelo exitoso pero a la vez perverso. Me explico. E-learning (voy a utilizar este término de manera genérica) se ha adaptado al modelo “escolar” imperante durante décadas en el imaginario colectivo respecto a lo que significa formación o aprendizaje.

 

Así, el modelo “escolar”, también podríamos denominarlo formal, ha impregnado tanto la tecnología como la pedagogía en e-learning. Desde su aparición, los primeros LMS (Learning Management Systems) se crearon con una estructura interna que intentaba reproducir con el mayor realismo posible los espacios físicos dedicados a la educación o a la formación según se desee. Plataformas como Learning Space, WebCT, Comunet, VirtualProfe, etc. presentaban estructuras en las que existían las aulas, las bibliotecas, las salas de profesores, e incluso la cafetería.

Pero la metáfora escolar no sólo se circunscribía a los espacios. Ha venido tomando la esencia de la cultura y práctica académica:

Organización de los procesos formativos en “cursos” constituidos por grupos de alumnos y en general un profesor en torno a una asignatura, materia o contenido, que es lo que proporciona identidad al curso. Los cursos o espacios formativos son compartimentos estancos, a modo de cartones de huevos, en los que los alumnos de un curso no pueden interaccionar con los de otro de un curso diferente. O un alumno no puede acceder a recursos de varios cursos si no es accediendo a cada uno de los diferentes cursos.

La hegemonía de los contenidos como objetivos de aprendizaje. Unos contenidos prediseñados por supuestos especialistas en diseño, que se crean con anterioridad al conocimiento de las características y necesidades formativas de las personas que se suponen han de aprender con ellos. Contenidos en los que se confía para que las personas aprendan por sí solas. Contenidos diseñados en diferentes formatos, tanto planos (pdfs) o interactivos (flash). Contenidos ante los cuales las personas que aprenden lo que han de hacer es imprimirlos y leerlos (“e-reading), aunque recientemente se ha incorporado otros elementos “interactivos” (videos, audios, presentaciones, etc.

 

La división entre el que sabe y el que no sabe, entre el que aprende y el que enseña, entre el profesor o tutor y el alumno. Una división que se observa en el hecho de que las plataformas establezcan diferentes perfiles y posibilidades en función del tipo de usuario, siendo el alumno el que menos posibilidades tiene de personalización.
Sistemas de evaluación orientados a la comprobación de la adquisición de conocimientos utilizando las herramientas que las plataformas han venido aportando: exámenes y en mucho menor medida actividades de aprendizaje.

El lector de este artículo podrá pensar que lo redactado hasta aquí no es más que una caricatura grosera de una amplísima variedad de situaciones. Puedo admitirlo pero habrá que reconocer que, con las salvedades oportunas, ha habido un hilo conductor en la mayoría de las experiencias de e-learning que podríamos denominar 1.0.

A partir de mitad de la década pasada comenzaron a aparecer herramientas tecnológicas que han representado un verdadero desafío y alternativa al modelo escolar de formación al que me he venido refiriendo. Tecnologías, denominadas 2.0, que han permitido que las personas puedan aprender ya no sólo por la interacción con los contenidos formativos prediseñados, sino a través de la interacción con otras personas y recursos educativos. Las herramientas 2.0 ha posibilitado un enorme desarrollo de la autoformación. Es lo que Couros (2010) denominaba “enseñanza abierta”, es decir, aquélla que facilita las experiencias de aprendizaje abiertas, transparentes, colaborativas y sociales. Profesores abiertos apuestan por una sociedad del conocimiento abierta y libre, y apoyan a sus estudiantes en el consumo crítico, la producción, conexión y síntesis del conocimiento a través de redes de aprendizaje” (p. 115).

 

Las herramientas 2.0 están permitiendo a las personas diseñar y conducir sus propios procesos de aprendizaje. Aunque se ha popularizado mucho en los últimos años el término de aprendizaje informal, sobre el que ya hice un comentario en otra entrada en este blog, yo creo que lo que las herramientas 2.0 facilitan es la autoformación. El aprendizaje informal es incidental y generalmente poco planificado. Sin embargo, de lo que estamos hablando es de personas que saben o tienen una idea más o menos clara de lo que necesitan y buscan (a menudo de manera errática) respuestas a sus preguntas.

La autoformaciónes un concepto que no es nuevo y sobre el cual se ha escrito e investigado mucho en el ámbito francófono. El “GRAF. Groupe de Recherche sur l’Autoformation en France”, originado en la Universidad de Françóis-Rabelais de Tours y creado por Gaston Pineau elaboró un manifiesto en el que definían la autoformación en los siguientes términos:

 

La autoformación es un proceso de autonomía de sí mismo, centrada en la persona o en el grupo, apoyado en el colectivo. Este proceso conjuga la adquisición de saberes, la construcción de sentido y transformación del sí mismo. Se desarrolla en las prácticas sociales y en la vida.

Representa tomar el poder personal o colectivo sobre la formación, un proceso de emancipación crítica
Supone la aceptación de lo inacabado y de la incertidumbre
Representa una autonomía que se juega en la interdependencia
Toma en cuenta a la persona en su relación con el mundo
Es un proceso de construcción de significado
Supone un enfoque de investigación-acción-formación
La autoformación se enraíza en una búsqueda reflexiva
Moviliza una ética que se incardina en las prácticas y que asume que toda persona es portadora de saber, que las personas tienen capacidad de autodirigirse, que existe una pluralidad de posiciones teóricas y prácticas en torno a la autoformación.
Revisando las características que el GRAF enuncia para la autoformación, perfectamente podemos entender que cuando en la actualidad se habla de los PLE (“Personal Learning Environments”) de lo que estamos hablando es de herramientas y recursos que permiten a las personas autoformarse utilizando la amplísima variedad y cantidad de opciones disponible a través de los recursos digitales, así como de las personas conectadas a las redes sociales y en general a internet. Attwell (2007) definía un PLE como “el conjunto de los diferentes recursos que utilizamos en nuestra vida diaria para aprender” (p.4). El propio Steve Downes (2007) ponía énfasis en lo que ha representado el enfoque de PLEs como superación del e-learning tradicional “Los PLE es el reconocimiento de que el enfoque “talla única” característico de los LMS (Learning Management System) no es suficiente para cumplir con la variedad de necesidades de los alumnos. Se necesita no una aplicación software, sino un nuevo enfoque para e-learning”.

 

En los ambientes especializados se nota el fragor de la nueva idea. Los PLEs, como un nuevo santo grial, han venido a representar la meta a conseguir. Mirando con perspectiva, todas las personas con capacidad de autoformación hemos venido desarrollando nuestro propio PLE, incluso antes de la aparición de la web 2.0. Todas las personas que hemos desarrollado nuestro propio itinerario de formación hemos seleccionado nuestras propias fuentes in-formativas. Por eso la idea del PLE no me resulta especialmente provocadora, a menos que reconozcamos que las nuevas herramientas digitales nos multiplican la capacidad de acceso a personas y recursos que antes de la web 2.0 no disponíamos.

La autoformación es un proceso que las personas van desarrollando ganando autonomía, pensamiento crítico y capacidad de autodirección. Es un proceso complejo y evolutivo, que requiere entre otras, habilidades cognitivas (capacidad de planificación, toma de decisiones, reflexión, indagación, gestión de información, valoración y crítica), así como disposiciones personales (motivación para aprender, inquitud, autocontrol, adaptabilidad) y habilidades sociales (capacidad para colaborar, compartir, liderazgo).

Si la capacidad de autoformación es la meta o el objetivo a conseguir para las personas que han de desarrollar su vida personal y laboral en la sociedad del conocimiento, entonces, los ambientes personales de aprendizaje serían los medios a través del cual la autoformación se fomenta.

Pero hemos de reconocer que son pocas las personas con capacidad de autoformación. Ni el sistema educativo, ni el actual sistema de formación favorece la autoformación. Si revisamos la “gramática” de la formación para el empleo en nuestro país, nos daremos cuenta que podemos aplicarle todo lo que enunciaba al comienzo de este artículo en relación con el e-learning tradicional: personas de las que se espera que aprendan a partir de contenidos diseñados al estilo de cadenas “fast-food”, con estructuras verticales y con escasas posibilidades de encontrar respuestas a sus necesidades de formación.

 

¿Por qué este artículo lo he titulado “del e-learning al p-learning”? Porque estoy convencido de que la nueva era y el nuevo desafío de la formación y el aprendizaje de las personas adultas pasa por la autoformación y PERSONALIZACIÓN en el aprendizaje. La personalización, que no es sinónimo de individualización, significa la necesidad de dar respuestas adecuadas y adaptadas a las necesidades de aprendizaje de personas que tienen diferentes necesidades de formación, estilos de aprendizaje y además distintas posibilidades de autodirección.

 

La personalización en el aprendizaje puede ser un proceso de aprendizaje guiado o bien un proceso de autoformación. Dependiendo del tipo de necesidad que las personas tengan, así como del nivel y capacidad de autodirección de cada individuo, las ofertas de formación pueden cambiar. Kenyon y Hase acuñaron el término de Heutagogía para referirse a la necesidad de ir más allá del enfoque tradicional escolar (pedagogía) o de educación de adultos (andragogía). Uno de los aspectos claves de la heutología es que entiende que el aprendizaje es una actividad compleja que necesita comprenderse como algo más que una mera adquisición de habilidades o conocimientos. Mantiene que el aprendizaje ocurre cuando el que va a aprender está preparado, y no cuando el profesor piensa que debería ocurrir, y también ocurre como consecuencia de alguna experiencia que normalmente está fuera del control del educador. La esencia de la heutología es que se centra en el sujeto que aprende y en lo que éste quiere aprender, más que en un curriculum cerrado. La heutología tiene que ver con desarrollar la capacidad de aprender, lo que requiere: alta percepción de autoeficacia, reflexividad, valores positivos, capacidad de aplicar las competencias a situaciones nuevas (Kenyon & Hase, 2010).

 

La personalización del aprendizaje (p-learning) nos lleva a pensar en un muy diferente papel del hasta ahora denominado formador o profesor. Si queremos que la formación realmente sirva a las personas y les ayude a resolver sus propias necesidades formativas, así como les proporcione herramientas para abordar sus futuras necesidades, necesitamos dar un giro al perfil del formador.

 

El formador no es sólo aquélla persona que tutoriza cursos con contenidos prediseñados y ayuda a resolver dudas de los alumnos frente a los contenidos dados. Si queremos personalizar el aprendizaje, el formador toma un papel más de facilitador o mentor utilizando un enfoque que continuamente evalúa las necesidades de los alumnos. El formador es un orientador, guía, coach o mentor. El formador personaliza experiencias de aprendizaje utilizando para ello recursos digitales adaptados a las necesidades formativas de la persona que se está formando. No sólo ayuda a que la persona que aprende a que cree su propio PLE, sino que le ayuda a dotar de contenido dichos recursos. Actúa siguiendo un proceso que los ingleses denominan “scaffolding” y que podríamos denominar “andamiaje, ayudando a desarrollar la capacidad de aprender de cada persona. El formador asume la función de lo que ahora se denomina “content curator”, es decir, un profesional que criba, selecciona y organiza los contenidos formativos para adaptarlos a las necesidades de los usuarios. Para ello el objetivo del formador es hacerse prescindible lo antes posible porque la/s personas que orienta o mentoriza han adquirido capacidad de autodirección.

 

P-learning puede presentarse en diferentes contextos formativos. Puede darse en los contextos más formales o escolares a los que nos hemos referido anteriormente. Podemos, dentro de un curso basado en plataforma, establecer diferentes contenidos y experiencias formativas a diferentes alumnos en función de sus propias necesidades de formación o interés por aprender. Esto es algo que habitualmente no hacemos. Cuando un alumno se inscribe en un curso de e-learning se inscribe en el curso completo, aunque lo que le interese sea sólo una parte, o bien ya posea las competencias que en algunos módulos se aborden.

 

P-learning en formación formal es posible pero complejo por todas las enormes tradiciones, costumbres e intereses creados en torno a la formación. La personalización del aprendizaje (p-learning) requiere de otra mirada a la formación. Esa mirada la podemos hacer a través del retrovisor. Si nos remontamos 40 años, encontramos el trabajo de un visionario que ya entonces veía las contradicciones de la educación escolarizada: Iván Illich (1974). Illich decía que “un buen sistema educacional debería tener tres objetivos: proporcionar a todos aquellos que lo quieren el acceso a recursos disponibles en cualquier momento de sus vidas; dotar a todos los que quieran compartir lo que saben el poder de encontrar a quienes quieran aprender de ellos; y finalmente, dar a todo aquel que quiera presentar al público un tema de debate la oportunidad de dar a conocer su argumento” (p. 101).

 

Dicho sistema debería ofrecer, desde el punto de vista de Illich, cuatro tipos diferentes de recursos:

Servicios de referencia respecto a objetos educativos que faciliten el acceso a cosas o procesos usados para el aprendizaje formal.

Lonjas de habilidades que permitan a unas personas hacer una lista de sus habilidades, las condiciones según las cuales están dispuestas a servir de modelos a otros que quieran aprender esas habilidades y direcciones en que se les puede hallar.

Servicio de búsqueda de compañero: una red de comunicaciones que permita a las personas describir la actividad de aprendizaje a la que quiere dedicarse para poder encontrar un compañero.

Servicio de referencia respecto de educadores independientes que ofrecen sus servicios. Decía Illich que “Tales educadores podrían elegirse encuestando o consultando a sus clientes anteriores”.

Pues bien, creo que hoy en día disponemos de todos los recursos que Iván Illich requería para poder “desescolarizar” la educación. En primer lugar disponemos de una enorme red de contenidos digitales en diferentes formatos (texto, audio, vídeo, imagen) a las cuales las personas pueden acceder en general de forma libre y gratuita. En segundo lugar, disponemos de los recursos tecnológicos para poder poner a las personas en contacto a partir de sus propias necesidades y disponibilidades. Los portafolios electrónicos que permiten disponer y ofrecer públicamente la “expertise” de cada persona; las redes sociales, especialmente las profesionales tipo Linkedin, que permiten no sólo localizar personas, sino establecer contactos y espacios de debate. Por otra parte, disponemos de herramientas ya muy elaboradas y fáciles de utilizar para desarrollar una comunicación asíncrona y síncrona (videoconferencias, videotutorías), que permiten que unas personas puedan ponerse en contacto con otras con una finalidad de formación sin que las limitaciones de espacio y tiempo sean un condicionante.

 

En definitiva, disponemos de herramientas que nos pueden ayudar a desescolarizar progresivamente la formación. Personalizar la formación representa ir más allá de la utilización de las herramientas tecnológicas, tal como planteaba al principio. No estamos proponiendo abolir la formación formal tal como ahora la conocemos. Lo que necesitamos es abrir espacios que favorezcan la autoformación a través del diseño y desarrollo de planes personales de aprendizaje. Espacios que permitan que cualquier persona pueda recibir apoyo, asesoría, acompañamiento, coaching de otras personas o grupos con los que pacta un proceso formativo específico para unas necesidades de formación concretas.

 

La idea del p-learning no es nueva. Tampoco lo son muchas de las ideas que al amparo de los avances en las tecnologías venimos observando. Sin embargo hay momentos en los que confluyen la idea (ya existente desde hace tiempo) con la oportunidad (la disponibilidad de medios técnicos para hacerla realidad). En nuestra mano está aprovechar esta oportunidad para transformarla en oportunidad de verdadero aprendizaje para muchas personas que necesitan una alternativa a su difícil situación laboral o personal.

 

 

Referencias
Attwell, G. (2007). Personal Learning Environments. The future of elearning? eLearning Papers, 2(1).
Couros, A. (2010). Developing personal learning netwoks for open and social learning. In G. Veletsianos (Ed.), Emerging Technologies in Distance Education (pp. 109-128). Edmonton: University of Athabasca.
Downes, S. (2007). Learning networks in practice. http://www.downes.ca/files/Learning_Networks_In_Practice.pdf,
GRAF. Groupe de Recherche sur l’Autoformation en France. (2000). Le project de manifeste pour l’autoformation. http://www.cnam.fr/autoformation2000/france/manif.htm.
Illich, I. (1974). La sociedad desescolarizada. Barcelona: Barral.
Kenyon, C., & Hase, S. (2010). Andragogy and Heutagogy in Postgraduate Work. In K. Trevor (Ed.), Meeting the Challenges of Change in Postgraduate Education (pp. 165-176). London: Continuum International Publishing.

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